Acerca de diferentes maneras de hacer visible lo invisible

Lic. Amanda Buneta y Lic. Alejandro Segovia, info@escenarioinvisible.com.ar

Nos inspiramos en una premisa de Paul Klee: “hacer visible lo invisible”. Él afirma que: “El arte no reproduce lo visible; vuelve visible.” Leemos esta frase articulado con el trabajo terapéutico sobre el sí mismo. Sobre aquellas partes “ocultadas”, aspectos rechazados o alienados, procesos interrumpidos del crecimiento.

Cuando empezamos a pensar acerca del arte, inmediatamente imaginamos al arte de otro, es decir que el arte es hecho por otro. La producción artística queda confinada a los grandes exponentes: Piazzola, Dalí, Isadora Duncan, etc. Entonces el artista es considerado como un ser con un genio especial. Aunque si nos detenemos en sus biografías, nos encontraríamos con la existencia humana tal como la nuestra, atravesada por los mismos temas. Tal vez si miramos detenidamente las distintas configuraciones de sus vidas, nos asombraríamos de como lograron desplegar su arte.

Entonces comienza a devenir la idea del arte lejos de la vida cotidiana, lejos de un aquí y ahora, el arte sería un hecho que acontecería en un pasado y estaría realizado por otros mas calificados.

Original y casi míticamente, todos somos artistas. Esta es nuestra convicción. Inicialmente cada uno de nosotros poseemos impulsos creadores, artísticamente creadores, que si no son reforzados o sostenidos por el contexto la mayoría de las veces, inician un proceso de inhibición u ocultamiento. Paul Klee continua su dialogo con nosotros:

“La fuerza creadora escapa a toda denominación, en último análisis permanece como un misterio indecible. Pero no un misterio inaccesible incapaz de conmovernos hasta lo más hondo. Nosotros mismos estamos cargados de esta fuerza hasta el último átomo de medula. No podemos decir lo que es, pero podemos aproximarnos a su fuente en una medida variable.”

“…El arte es la imagen de la creación.”
Este proceso de oscurecimiento tuvo que ver con situaciones de vergüenza, pariente de la humillación: una risa, una critica, alguna mirada hostil, son fundamentos para que éste se inicie, y a su vez borre los indicios históricos de poseer aquel talento.

”Cuando la vergüenza y la humillación son agudas y prolongadas, interrumpen y distorsionan el proceso del sí mismo y el crecimiento.”

Otras veces esto no es explicito, es una comunicación de inconsciente a inconsciente, a partir de cierta pregnancia del entorno, tomando frustraciones e inhibiciones que no son propias.

Es decir, habitualmente nuestros deberías fueron constituyéndose en sucesivas capas, acerca de lo que deberíamos ser y tenderíamos que hacer, alejándonos de la fuente creadora, del deseo en relación a lo que queremos y a las posibilidades de ajustarnos creativamente para vivir.

Una autentica lucha entre perro de arriba y perro de abajo, combatiendo por el control. Controlador y controlado. Y en éste devenir queda excluido nuestro “Artista”, casi sin darnos cuenta, silenciosamente queda encapsulado, olvidado y poco recordado.

Vamos construyendo un si mismo donde alienamos la potencia creadora. Alienación que aparece como desprecio, ignorancia, desvalorización, descalificación, impotencia, etc. Finalmente esa potencia valiosa que existe como una autentico tesoro, se encuentra relegada en un viejo cofre cerrado con llave.

La propuesta con la que trabajamos invita a los participantes a recuperar estos talentos. Configuramos un campo que motiva la exploración, la expresión, el juego y el descubrimiento de esa “llave”. Decididamente nos alejamos del “como si”, no es aplaudir la gracia individual, es de la mano de una genuina contemplación e interés por viajar en una búsqueda de aquel artista que lejanamente fue empolvado en un viejo sótano o en un olvidado altillo, entre cosas obsoletas o inservibles.

Nos ilustra la imagen siguiente: se presenta una gran mesa en dónde cada uno puede servirse lo que le apetezca a cada momento. En la misma se ofrecen diferentes lenguajes artísticos: la danza, la plástica, la narrativa y el teatro, con los correspondientes objetos para su realización (música, vestuario, maquillaje, pinturas, arcilla, papeles de colores, pinceles, etc.)

De esta manera cada invitado al banquete es tomado como una acabada y delicada obra de arte, al decir de Goethe: “La obra sabe mas que el autor”. Y esta obra será contemplada a la luz de la estética, en la búsqueda de la singular belleza en la propia vida.

En primera instancia, efectuamos una renuncia a la novela personal, es decir cada uno se abstendrá explícitamente de narrar sus cuentos cotidianos acerca de sí mismo. Para lo cual apelamos a la construcción de otro escenario, provisto de los elementos necesarios para sumergirnos a jugar con toda nuestra imaginación y poder desarrollar la experiencia en una gran metáfora.

Esta metáfora, la cual a partir de nuestro estilo narrativo propio, será un salto al vacío, con la certeza de que no perecemos en la caída, ya que estamos apoyados con las leyes de la imaginación, con las propiedades del sueño, en dónde jugamos con la posibilidad de la posibilidad.

Dicha narración, goza de la misma gestalt que nuestra novela personal, es decir tiene una estética análoga, pero nos alivia ya que nos posibilita habitarla desde la novedad con los recursos expresivos y lenguajes artísticos.

Confiamos en una premisa propia, la autorregulación creativa: así como los procesos de vergüenza, miedo, enojo, producen contagio o conductas de índole imitativo, de idéntica manera sucede en el ámbito de la experiencia artística, hay algo que comienza a acontecer que es de índole de una pregnancia creativa, una autentica escalada creativa, en donde no hay indicios de inhibiciones, iniciándose con pequeños movimientos, pero a ritmo constante, produciendo oportunas aceleraciones. Y en este espacio se produce el encuentro artístico: “La creatividad ocurre en un acto de encuentro.”

La puerta de entrada será a través de la experiencia conciente del cuerpo. La posibilidad de habitarnos en lo que somos y desde allí darle ser a algo nuevo. Moviéndonos lentamente iniciamos la oportunidad de entrar en nuestra realidad interior. La danza y el movimiento vuelven visible de una manera no verbal sentimientos, imágenes, sensaciones, ritmos propios, fantasías, personajes, etc. Se trata de bailar la danza del si mismo.

La plástica es el lenguaje mediatizador entre el cuerpo, es decir los procesos primarios hacia los proceso secundarios que se expresaran con la narrativa. La plástica nos llama desde los materiales, a visualizar la experiencia a través de las formas, los colores, las texturas, las imágenes, etc.

Apropiándonos de una frase de Augusto Boal: “Todo ser humano es teatro, aunque no todos hacen teatro. El ser humano puede verse en el acto de ver, de obrar, de sentir, de pensar. Puede sentirse sintiendo, verse viendo, y puede pensarse pensando. ¡Ser humano es ser teatro!”

Esta es una concepción vívida. El naciente espacio teatral es la integración del recorrido de las sucesivas expresiones artísticas. Se trata de un teatro vivo, ya que en un mismo espacio conviven, los guionistas, los actores y el público. Esta interrelación crea una gran cámara de resonancia, algo distinto a lo que sucede en el teatro, en donde podemos des – implicarnos de lo que pasa. Aquí estamos todos implicados. Convergen los distintos espacios, el del espectador, el del actor, el del guionista, entrecruzamiento que da a luz un único espacio estético, lo que es adentro es afuera y viceversa. Combinando y entrelazando las dimensiones espaciales, temporales, afectivas y oníricas.

Entonces se comienza a producir el mágico efecto Tele, en donde cada presencia contribuye al proceso creativo de lo que sucede en un escenario.

Los Actores son actores, no son trabajados como pacientes juguetones, en este momento están sujetos a las leyes de la producción artística, es decir con objetivos artísticos, buscando la mejor interpretación del personaje que le fue asignado. A esta altura del recorrido, aparece la llave que abre el cofre del percibirse como un artista y de esta manera se desarrolla la dramática, donde cada uno explora las múltiples voluntades de cada personaje, donde cada uno logra explorar y explotar distintos recursos y posibilidades. “Cuando subí a las tablas me di cuenta que podía, desde abajo parecía imposible”.

Es decir trabajamos en un escenario artificial, que tiene consecuencias en la dramática propia, como bien opina Jodorowsky, el inconsciente entiende de arte, el inconsciente es artístico, nos manda metáforas, y nuestro anhelo es navegar en ese idioma.

El mundo requiere de muchos artistas y estamos empecinados en encontrarlos.

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